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No, las redes 5G no están asociadas con la pandemia de coronavirus. Lea por qué.

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Una de las teorías de conspiración más populares en torno a la pandemia del coronavirus es que está relacionada con la llegada de la quinta generación de redes de comunicación, o 5G.

No hay razón para creer que esta nueva tecnología traiga cambios repentinos en nuestra salud que no se produjeron ya con la aparición de las redes celulares comerciales a principios de los años noventa.

Nuestros sistemas de comunicación, incluido el 5G, utilizan un rango de frecuencias determinado en el espectro electromagnético. Aunque puede haber riesgos para la salud asociados con nuestra exposición continua a la radiación electromagnética en las partes del espectro que usamos para la comunicación, los científicos no han podido sacar conclusiones indiscutibles.

La pandemia de COVID-19 es provocada por un virus que afecta principalmente al sistema respiratorio y no tiene nada que ver con la llegada de las redes 5G. Para entender por qué, comencemos con una pequeña introducción al electromagnetismo y sus efectos en el cuerpo humano.

Curso rápido de electromagnetismo

Una parte del espectro electromagnético se utiliza para soportar nuestros sistemas de comunicación.
Una parte del espectro electromagnético se utiliza para soportar nuestros sistemas de comunicación. Natalia Gutierrez Pinto Natalia Gutierrez Pinto

La radiación electromagnética (EM) es causada por el movimiento de partículas de energía llamadas fotones. Estas partículas se mueven en ondas con diferentes frecuencias, medidas en una unidad llamada Hertz (Hz) — el número de ciclos oscilantes de un fotón por segundo. Las ondas EM de alta frecuencia tienen más energía que las de baja frecuencia.

El espectro electromagnético — el conjunto de ondas electromagnéticas de todas las frecuencias — se puede dividir en múltiples zonas de frecuencia, muchas con nombres que nos pueden resultar muy familiares: ondas de radio, microondas, infrarrojo, luz visible, ultravioleta, rayos X y rayos gamma.

La exposición a grandes cantidades de radiación electromagnética de alta frecuencia puede ser muy peligrosa: puede romper átomos en los tejidos y causar daños. Esto se denomina radiación ionizante, que tiene frecuencias superiores a 100 PHz (peta-Hertz o 100 cuatrillones de Hertz) e incluye las partes superiores del espectro ultravioleta y los rayos X y gamma.

Por el contrario, la radiación electromagnética de baja frecuencia no es ionizante y, por lo general no separa átomos; simplemente calienta las cosas con las que tiene contacto. Esta es la razón por la que los hornos microondas pueden calentar la comida o por lo que se siente calor al asolearse.

La radiación no ionizante también hace posible las complejas redes de sistemas de comunicación que impulsan nuestro mundo moderno. Usamos ondas en el espectro de radiofrecuencia — entre 3 kHz y 300 GHz — para la transmisión de radio y TV, sistemas de posicionamiento global (GPS), Wi-Fi, Bluetooth y el uso de teléfonos celulares. Las frecuencias de las redes 5G se encuentran en esa zona.

Como lo indica su nombre, la radiación electromagnética está compuesta de electricidad y magnetismo. Las corrientes eléctricas producen campos magnéticos, por lo que todo lo que funciona con electricidad produce radiación electromagnética.

Pueden ser peligrosas las redes 5G?

La tecnología 5G no causa efectos diferentes a los que ya estaría expuesto si mira la televisión, usa un teléfono celular o tiene Wi-Fi en su casa.

La tecnología detrás de 5G, en esencia, no es muy diferente de la 3G, 4G o LTE. La novedad es que 5G utiliza principalmente frecuencias más altas que otras tecnologías disponibles — está en el rango de 6 a 24 GHz, en comparación con menos de 6 GHz para LTE. Esto tiene dos ventajas.

Una es que, al usar frecuencias más altas, 5G puede acceder a una parte del espectro que no está llena de señales existentes de teléfonos, Bluetooth o Wi-Fi. La otra es que puede enviar información más rápido, “quizás de 10 a 100 veces más rápido que las tecnologías de frecuencia más baja”, dijo el Dr. Ting-Yen Shih, profesor de ingeniería en la Universidad de Idaho.

Parte de la investigación de Shih se centra en las aplicaciones biomédicas del electromagnetismo.

Según Shih, “para las frecuencias 5G, 4G, Wi-Fi, no hay evidencia científica de que pueda afectar mucho a nuestro cuerpo humano”. Dijo que el único impacto sería el efecto de calentamiento típico de las frecuencias en esa parte del espectro.

Un estudio reciente que resumió la evidencia científica disponible sobre los efectos biológicos de la radiación electromagnética de baja frecuencia concluyó que, aunque hay evidencia limitada de que puede causar algún daño al ADN, “todavía hay evidencia insuficiente para proporcionar una prueba irrevocable de su potencial carcinógeno y mutagénico para los seres humanos”.

La incertidumbre se debe a que la mayoría de esos estudios se realizan con cultivos de células o en modelos animales (como ratones) y los resultados pueden cambiar en el contexto del cuerpo humano. Además, los estudios en humanos no suelen ser experimentales y las observaciones actuales no son suficientes para decir con certeza si existe un efecto.

Los efectos nocivos de la radiación electromagnética solo se observan a altas intensidades de radiación. Por eso existen normas internacionales que establecen un límite en la intensidad de las ondas que puede emitir un dispositivo electrónico.

Para los teléfonos celulares en los EE. UU., la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) establece una tasa de absorción específica (SAR, por sus siglas en inglés) para asegurarse de que sus emisiones estén dentro del rango seguro de exposición. Según la FCC, “cualquier teléfono que se venda legalmente en los EE. UU. es un teléfono ‘seguro’”.

También existen regulaciones para la instalación de antenas celulares, que emiten radiación a intensidades mucho más altas que los dispositivos electrónicos pequeños.

Es por eso que “generalmente se ubican al aire libre en torres y otras estructuras elevadas como techos, tanques de agua y costados de edificios”, dice la FCC; como consecuencia, “la exposición a nivel del suelo es mucho menor que la exposición que se podría encontrar si uno estuviera muy cerca de la antena”.

Pueden las redes 5G causar COVID-19?

No. La causa de la enfermedad COVID-19 es un virus que infecta el sistema respiratorio y que se transmite de persona a persona. Sus síntomas son similares a los de otras infecciones respiratorias de causa conocida.

La tecnología 5G comenzó a ser implementada por compañías de telefonía celular en Corea del Sur y Estados Unidos en abril de 2019, meses antes de que se informaran los primeros casos de neumonía por un coronavirus desconocido en China en noviembre.

La conspiración se volvió viral en marzo con un video hecho por “un médico estadounidense que está en libertad condicional disciplinaria”, según informó CBC. Las afirmaciones hechas en el video incluían que los virus se producen cuando las células se exponen a la radiación, una declaración fácilmente desmentida por virólogos.

Otro argumento era que la epidemia no afectaba fuertemente a los países africanos donde la tecnología 5G aún no había llegado, otra afirmación fácilmente desmentida. El primer caso africano de COVID se informó en Egipto el 14 de febrero, un país donde las redes 5G no están presentes actualmente.

Esta “es una nueva tecnología con la que no estamos muy familiarizados (y) podemos tener algunas preocupaciones, eso es muy normal”, dijo Shih.

Agregó que todos “usan dispositivos electrónicos todos los días, y ponen su celular cerca de su cabeza, o ponen su celular en la cama mientras duermen. Y están acostumbrados a usar el horno microondas todos los días… Si tienen alguna inquietud, deben revisar las regulaciones” de sus dispositivos.

This story was originally published August 20, 2020 at 2:26 PM.

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