‘De verdad pensé que lo llevaría de vuelta a casa’. Pastor de Burley muere de COVID-19
La pastora María Fernández le prometió a su esposo que, si algo le sucediera, ella continuaría ejerciendo el ministerio que habían creado juntos.
Pero jamás imaginó que esto llegaría a pasar. Pensó que nunca lo perdería.
“Era tan fuerte”, dijo.
Incluso cuando el nuevo coronavirus llegó a la ciudad, la posibilidad de la muerte de su esposo no pasó por su mente.
“Siempre fuimos muy cuidadosos. Siempre seguimos las reglas”, dijo. “Si necesitábamos algo de la tienda, mi esposo se quedaba en el auto”.
“Decía: ‘No es necesario que los dos entremos’”.
El pastor Rogelio Fernández Sr. murió el 24 de agosto, dos semanas después de contraer COVID-19.
Los dos llegaron a Magic Valley hace seis años y fundaron la Iglesia del Buen Samaritano en Burley. Compraron la pequeña Iglesia Episcopal en Oakley Avenue y comenzaron con una pequeña congregación; desarrollaron su ministerio cristiano bilingüe y multi-confesional hasta el punto de necesitar un edificio más grande.
“El sueño de mi esposo era construir una iglesia más grande con aulas para los niños”, dijo María.
Los Fernández habían iniciado una iglesia en American Falls antes de llegar al Magic Valley.
“Desarrollamos mucha labor ministerial allí, así que sentimos la necesidad”, dijo María. “Celebraba conferencias para mujeres las necesitadas y veía que no había nadie que satisfaciera esa necesidad”.
También prestó servicios de ministerio a los presos en la cárcel.
“Dios nos llamó a este ministerio”, dijo.
Despertar al COVID-19
El 11 de agosto, un martes, ambos pastores se despertaron con síntomas de COVID-19 en su casa en Burley.
“Teníamos dolor de garganta y dolor en el cuerpo”, dijo María. “Mi marido estaba peor que yo”.
Cuando su respiración se tornó difícil esa misma tarde, ella lo llevó al hospital de Burley.
El personal lo internó, pero a ella no se le permitió seguirlo.
“No quería irme, así que me quedé fuera del hospital durante seis horas”, dijo. “La gente pasaba y me daba agua para beber”.
A las 10 de la noche, el personal le pidió que pasara dentro. Rogelio, de 74 años, estaba inquieto y pensaron que ver a su esposa podría ayudarle.
Treinta minutos más tarde, enviaron a su esposo en una ambulancia al Centro Médico St. Luke’s Magic Valley. El hijo de la pareja, Roy Fernández, llevó a su madre a su casa en Twin Falls.
María se despertó al día siguiente en la casa de su hijo y no podía respirar. Fue ingresada a St. Luke’s, donde se le permitió visitar a su marido en su habitación.
“Vi por lo que pasaron los médicos y las enfermeras. Todos llevaban mascarillas”, le dijo al Times-News. “La gente debe cuidarse de los demás incluso si no quieren cuidarse a sí mismos”.
Permaneció en el hospital durante tres días.
“El personal de St. Luke’s fue increíble. No nos trataban como pacientes, eran familia”, dijo. “Lloraron con nosotros. Pudimos ver su amor”.
Pronto, las tres hijas de la pareja llegaron con sus familias desde fuera del estado. Acamparon frente a la habitación de Rogelio en la planta baja y lo veían a través de la ventana.
“Estaban al lado de su ventana 24/7. Nunca se apartaban de él, ni de día ni de noche”, dijo María. “Querían que Papá supiera que estaban allí con él”.
La familia pensó que estaba mejorando.
“Realmente pensé que lo iba a llevar de vuelta a casa”, dijo. “Nunca pensé que lo iba a perder”.
Entonces su esposo perdió la vista.
“Le dije al Señor que lo aceptaría así”, dijo. “Yo seré sus ojos”
Luego, sobrevivió a un derrame cerebral.
El 23 de agosto, una de las enfermeras le preguntó cuánto tiempo habían estado casados él y María.
“’Cincuenta años’”, dijo, recordando las palabras de su marido. “La enfermera le preguntó a él: ‘¿Te volverías a casar con ella?’”
Enjugando las lágrimas, María, de 65 años, volvió a repetir las palabras de él. “’Sí, me casaría con ella por otros 50 años.”.
Los ojos de las enfermeras se encontraron.
“Hagamos que esto suceda”, pensaron las enfermeras, y acordaron que la pareja renovara sus votos al día siguiente frente a un ministro.
“Les dije, ‘¿Qué tal a la 1 p.m.?’”, dijo María. “’¿Qué tal las 11 a.m.?’” respondió la enfermera.
Rogelio Fernández murió a las 10:02 de la mañana siguiente con el ministro a su lado y su esposa en la puerta. Sus hijos y nietos se encontraban en el pasillo esperando verlo.
El día más duro
Rogelio era cercano a los miembros de su iglesia.
“Rogelio era un hombre increíble”, dijo María. “Era un hombre íntegro. Un hombre de palabra”.
Su muerte “ocurrió demasiado rápido”, dijo. “Gran parte de la iglesia todavía está afectada”.
El primer domingo de ella frente a la congregación fue el más difícil.
“Estábamos tan felices trabajando juntos en el ministerio”, dijo. “Yo lo extraño mucho”.
María dice que le gustaría que otros tomaran el virus lo suficientemente en serio como para tomar precauciones y usar mascarillas.
“No es tan doloroso como perder a la persona que amas”, dijo.
“No hay un día en que no lloro por él. Lo veo en todas partes”.
Esta historia fue traducido por Clorinda Zea. La traducción es parte de un proyecto del Idaho Statesman. Puede leer más noticias en español sobre el coronavirus en Idaho aquí en www.idahostatesman.com/noticias-en-espanol
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de diciembre de 2020, 10:40 a. m. with the headline "‘De verdad pensé que lo llevaría de vuelta a casa’. Pastor de Burley muere de COVID-19."